Delincuencia policiaca





Roberto Fleischer Haro/


Dia de publicación: 2017-09-12


La delincuencia policíaca tiene un carácter fundamentalmente patrimonial, cuando hablamos de delitos contra el patrimonio, no estamos hablando del mismo género, la visión que generalmente se tiene de la criminalidad policíaca se basa en el conocimiento de ciertos episodios de violencia, coacción, negocios ilícitos, etc., etc.

Incidencias que están en el mismo nivel de otros hechos cotidianos como la pequeña corrupción, inducciones físicas, liberación en una situación de flagrancia, etc... Todo esto, sin embargo es más bien un reflejo de la historia general de corrupción.

A lo que nos referimos aquí como delincuencia policíaca es a algo mucho más grave. Sabemos que existe un conjunto de personas que se asocian y que viven del delito, de policías que tienen apoyo externo de ex policías y civiles, y que se dedican a delinquir.

Ellos viven del producto del robo directo de vehículos, de la reventa de mercancías confiscadas o aseguradas a algún otro delincuente, de secuestros, tráfico de humanos, de venta y transporte de narcóticos (burreros).

También están los policías que descubren el paradero de un asaltante, van y lo “limpian”; Investigan a un traficante, lo aprehenden le incautan y revenden las drogas y armas, etc... O bien los que en sus días francos se coluden con

ciertos taxistas para asaltar a los pasajeros y transeúntes.

Todo esto acompañado de altas dosis de violencia contra las víctimas, y en numerosas ocasiones hasta de violación sexual.

Sin embargo no existe la posibilidad de hacer comparaciones entre los índices de criminalidad en la sociedad y en la policía, son fenómenos distintos.

En el caso de la policía, los hechos se cubren con un manto de silencio, o bien con el discurso del autoritarismo policial. No tiene equivalente con la delincuencia común.

En los ajusticiamientos cada día más numerosos en el Estado, principalmente en los municipios del norte, presumimos apenas la participación de efectivos policíacos. Sin embargo, se comienzan a esclarecer algunos casos.

La suspensión temporal de los malos policías no es una medida efectiva, toda vez que la actividad policial para los elementos involucrados con grupos organizados de delincuencia no significa nada.

La función policíaca que cubren es solo un pretexto para tener algún tipo de poder, acceso a una placa, un arma, que faciliten los delitos que pretenden cometer.

En nuestro Estado así como en los municipios, prácticamente no existe delincuencia organizada, sin que en ella estén incluidos policías y ex policías.

Existe un temor reverencial de los policías hacia los grandes líderes de la delincuencia, dada la inmensa desproporción económica de la criminalidad, en relación con la situación funcional del Servidor Público Policiaco, inclusive desde la corrupta venta de seguridad.

De cierta forma y dada la impunidad a que nos referimos con antelación los policías se han apropiado de la idea de que el crimen compensa y reditúa beneficios, tanto que el policía común termina por asociarse al delito.

Brindar seguridad pública a los habitantes y vecinos de un municipio, no es tarea fácil, máxime aún si consideramos que la planta policíaca en la mayoría de las ocasiones es escasa, principalmente por los bajos ingresos y la carestía de la vida actual.

Hay que implementar políticas y estrategias generales, con el fin de elaborar un programa que responda a las necesidades primordiales, con sentido humano, que beneficie a las familias de los elementos de seguridad, así como también exigir a las corporaciones policíacas asumir la responsabilidad que les corresponda, con honestidad, disciplina, capacidad y lealtad hacia las instituciones.

Se debe analizar la situación socioeconómica del policía, estimularlos hasta donde sea posible, que todos sean atendidos equitativamente no denigrar a nadie, porque la corporación no está compuesta nada más de oficiales ¿o que los rasos son hijos de cuico? Todos los elementos según la eficiencia, capacidad, atención y protección al ciudadano, son el reflejo de una buena Administración Estatal o Municipal.

El tener la vocación policíaca, se puede decir que es un apostolado, porque los servidores públicos en materia de seguridad, son humillados, despreciados e ignorados por la sociedad, señalados con índice de fuego, tratados como bandoleros como si todos fueran de la misma condición, hay de todo en la viña del señor, también son seres humanos.

Que lamentable que exista tanta podredumbre no nada más en las corporaciones policíacas, desafortunadamente ahí se nota más por el contacto constante con la ciudadanía, los demás se escudan en ella; cuando hay óptimos resultados operativos, todos son muy buenos, honestos, capaces, con ética, institucionales, pero nunca se les hace un reconocimiento apegado a la realidad, sino ahí es donde los funcionarios de primer nivel son los que se cuelgan la medallita y los elementos de Seguridad, pasan a segundo término.

Por supuesto que en el Grupo Policiaco de Sonora, reprobamos la indignante actuación del proceder de los elementos de seguridad pública de la ciudad de Nogales, Sonora pero no podemos descalificar a toda la corporación motivada también en la falta de capacidad administrativa de los Jefes Policiacos.

Roberto Fleischer Haro,

Miembro de la IV generación de egresados de la Escuela de Policía del Estado de Sonora.

Registro Nacional de Seguridad Pública FEHR440205H26223583


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